El tétrico cuervo de Edgar Allan Poe


 

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.

Aún sigue posado, aún sigue posado en el pálido busto de Palas.

En el dintel de la puerta de mi cuarto. 

Y sus ojos tienen la apariencia de los de un demonio que está soñando.

Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama tiende en el suelo su sombra.

Y mi alma, del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo, no podrá liberarse. ¡Nunca más!

-El cuervo (1845) Edgar Allan Poe

 

Retrato de Edgar Allan Poe | Cortesía
Retrato de Edgar Allan Poe | Cortesía

Más te vale que hayas leído algún poema, cuento o novela de Edgar Allan Poe, pero si aún no te animas yo te voy a ayudar con eso 😉

Edgar Allan Poe, es el reconocido autor de obras literarias como: “Corazón delator”, “La máscara de la muerte roja”, “Gato negro” y El cuervo cuyo extracto final es el referido al inicio de este artículo y del que se especula, es una gran ventana a los sentimientos que le perseguirían hasta su muerte.

Poe, hijo de artistas ambulantes queda a muy corta edad huérfano, siendo adoptado por una familia caritativa del cual él lleva su primer apellido, aunque parezca extraño, sus abuelos vivían en otra ciudad y sabían de él, pero como ya se hacían cargo de su hermano mayor no podían mantenerlo, de igual manera, su hermana menor fue adoptada por una familia vecina y mantuvieron contacto por mucho tiempo.

De esta manera, la vida del escritor siempre estuvo ligada a las mujeres de su vida y a la eterna búsqueda de la existencia más allá de muerte; su primera experiencia fue con la de su madre, quien muere de tuberculosis dejándolo huérfano y de ella sólo conserva un retrato. Después sería la señora Jane Stanard, madre de un compañero de la escuela de quien se enamoró platónicamente y a quien le dedicaría uno de sus primeros poemas, sin embargo, ya a los catorce años Poe se había interesado en apariciones, los fantasmas y todo lo sobrenatural (lo que eclipsaría su realidad literaria).

Un joven Edgar Allan Poe | Cortesía
Un joven Edgar Allan Poe | Cortesía

A los 16 años conoció a una joven de nombre Sarah Royster, con la que mantuvo un romance muy corto, pues coincidió con el momento donde comienza la universidad, sin embargo, Edgar sentía que no estaba hecho para las cuestiones del amor y pensó en no enamorarse nunca más. Todo cambió cuando en 1827 visitó a una tía viuda llamada María clemm, que vivía con su pequeña hija Virginia (prima de Poe) y un medio hermano de él -que en par de años fallece a causa del alcoholismo-. A esas alturas, Edgar ya se había iniciado como escritor, sirvió a la milicia y su meta más próxima era la de vivir de sus escritos.

Seis años después de la visita a su tía, Edgar contrae matrimonio secretamente con su prima Virginia quien aseguró tener 21 años para poder casarse, cuando realmente solo contaba con 13 años de edad, por su parte, Poe ya había cumplido los 27. A partir de ésta época comienza la revolución literaria que caracterizaría los cuentos de este escritor, si bien, ya había sido premiado por su cuento “Manuscrito encontrado en una botella”, comenzó su alza de cuentos macabros como “La caja oblonga”, “Retrato oval” y “Ligeia”, mejorando así su situación económica progresivamente y muchos afirman que es gracias a su musa y esposa.

Así, Poe se mudó con su esposa a una hermosa casa a las afuera de la ciudad y lo demás fluyó, ascendió en la revista donde trabajaba, ganaba mejor salario y sus relatos eran más fascinantes, pero la desgracia llegó; Virginia mostraba los mismos síntomas que tenía su madre -biológica- antes de fallecer y al igual que con su madre adoptiva, sí, su esposa también tenía tuberculosis.

La enfermedad de Virginia fue devastadora para Poe, se sumió en el alcohol, la depresión y en los devastadores recuerdos del pasado. En este punto, Edgar comienza a escribir “El cuervo”, convirtiéndose inmediatamente en un gran éxito, resultando ser el poema más famoso de la literatura estadounidense y que le abrió las puertas a una vida social totalmente nueva.

Ilustración de Poe junto al cuervo | Cortesía
Ilustración de Poe junto al cuervo | Cortesía

Diversos analistas literatos sostienen que “El cuervo” relata el conflicto entre el recuerdo y el olvido, más exactamente entre la pretensión de recordar a alguien que ya no está y el deseo de olvidarlo para siempre. Frente a todas las preguntas del protagonista el cuervo responde inexorablemente: “Nunca más”. Esta referencia nos muestra el núcleo del poema.

En cierto momento el protagonista asume que ese “Nunca más” es lo único que el pájaro sabe decir. A partir de allí, todas las preguntas subsecuentes son formuladas conociendo cuál será la respuesta. Con este giro, y rara vez apreciado por sus lectores, Edgar Allan Poe sugiere que la verdadera intención del narrador es profundizar deliberadamente en su sentimiento de pérdida. Pérdida que no solo era la de su madre biológica o adoptiva, sino la del norte en su vida, pues el sentimiento de que nada es para siempre yacería hasta sus últimos días.

De esta manera, la vida de Poe dio un vuelco cuando -aún casado con Virginia- se vio enredado en un romance con una escritora socialmente conocida, acumulando algunos inconvenientes con la élite de escritores y literatos a la vez que sus ingresos fueron decayendo vertiginosamente.

La muerte de Virginia cambió la conducta del escritor notablemente, intentó suicidarse sin éxito alguno, se hacía acompañar de mujeres y prostitutas pero ninguna relación le resultaba duradera y finalmente muere por causas desconocidas. Solo se sabe que fue visto por última vez delirante en una calle sin salida, con una ropa que no era la suya al mejor estilo de sus relatos y novelas.

Para nadie es un secreto que el “gancho” de cada uno de los escritos de Edgar Allan Poe indiscutiblemente, es lo misterioso, lo sorpresivo y lo macabro implícito y explícito en cada uno de los adjetivos que atrapan e introducen al lector en el mundo de Poe, un mundo tétrico pero a la vez real, y lo más realista de sus relatos es que cada historia constituye un pedacito de la realidad de Poe, el humano.

@katherine_zgs

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